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 MANONGO MUJICA: “El Sonido de los Dioses” (2004)

Temas

  1. Intro
  2. Ayahuasca
  3. Luna de Arena
  4. Alegria
  5. Aura
  6. Innombrable
  7. Los Pajaros son Angeles Disfrazados
  8. Paracas
  9. Despues de la Lluvia
  10. Bahia

Manongo Mujica: bateria, percusiones andinas, africanas, tropicales y orientales, zampoñas Colaboradores – Pepita Garcia-Miro (voz, percusion), Cesar Vivanco (flauta), Carlos Espinoza (saxos, clarinete bajo), Julio “Chocolate” Algendones (cajon, quinto), Daniel Mujica (percusion), Edward Perez (contrabajo), Annika Petrozzi (cello), Sammanda Sidurñas (violin), Doris Vascones (violin, viola), Jose Antonio Nuñez (didgeridoo), David Pinto (bajo)

“El Sonido de los Dioses” es la nueva aventura musical del creativo baterista/percusionista peruano Manongo Mujica, quien ya lleva años y años trajinando en el mundillo del jazz con base fusion etnica en su pais. Ciertamente se trata de una obra magistral, pletorico de una belleza tan sublime como misteriosa, llena de tantos coloridos, y a la vez, llena de alusiones que parecen dejar escondido algo mas profundo a punta de ingeniosas sutilezas, gracias a las cuales, los ensambles instrumentales que operan en cada tema nunca saturan al oyente. La idea basica es explorar de forma inteligente e intuitiva las exoticas cadencias ritmicas, creando vinculos entre los diversos folklores de diferentes regiones del mundo (claro esta, dandole preferencia a la tradicion peruana) sobre un solido fundamento de jazz fusion. El resultado final es intensamente hipnotico, algo que invita al oyente a flotar en el aire en una ensoñacion magica mientras se deja llevar por los vientos de epocas ancestrales resucitadas a traves del sonido; y por paradojico que resulte, a la vez se siente el sabor y el olor a la tierra que pisaron esos mismos ancestros, algo muy enraizado en el suelo que el mundo contemporaneo, por mucho que cubra de asfalto y plastico, no puede ser nunca acallado, pues asi de poderoso es el legado que nos deja la historia. A diferencia de su anterior disco “Tribal”, donde la intensidad estaba a flor de piel la mayor parte del tiempo, aqui hay una actitud de escucha y reciclaje de los tenues latidos de la tierra (o de las divinidades, para ser fieles al titulo del disco).

El disco recrea un inconfundible aire de compenetracion global a lo largo de toda la duracion del repertorio, al modo de un ritual continuo: este factor viene realzado por la presencia de breves motivos que fungen de puentes conectores entre tema y tema. Las piezas guardan en bloque un nivel muy parejo y muy alto en cuanto a creatividad y energia interpretativa, pero quisiera resaltar algunas que en particular me llamaron la atencion de forma especial, como botones de muestra. ‘Ayahuasca’ nos transporta hacia los parajes de la selva amazonica, transmitiendo una atmosfera de oscuridad, no para evocar cosas tenebrosas, sino algo mas parecido a la oscuridad mistica, que nos invita a escuchar y mirar con suma atencion una verdad escondida mas alla de lo que se puede abarcar desde los limites de la razon. ‘Luna de Arena’ es un numero enmarcado en el folklore criollo costeño, en el que las percusiones exoticas africanas y arreglos de cuerdas encuentran un cobijo bastante coherente, creando asi un ingenioso equivalente sonoro a la contemplacion de un inspirador paisaje nocturno. ‘Innombrable’ expone una serie de texturas arrebatadoramente envolventes de saxo y flauta, mientras las complejas secuencias ritmicas son establecidas con extrema sensibilidad, creando una base profundamente eterea – la belleza de esta pieza es inescrutable, insondable, tal como dice el titulo, innombrable. ‘Los Pajaros son Angeles Disfrazados’ asume los aires del jazz mas claramente que cualquiera de los otros temas, pero siempre enmarcado bajo la pauta telurica que regula la estructura del disco. ‘Paracas’ presenta las aristas mas notoriamente densas y lugubres del disco: la actitud general de reflexion se torna para esta ocasion en una manifestacion de amargura, que encuentra un oportuno eco en el dramatismo creado por el ensamble de cuerdas. ‘Bahia’ cierra el disco con una alusion frontal al alegre frenesi del folklore festivo del Brasil, creando de este modo una vibracion final positiva: las profusas partes percusivas garantizan su protagonismo mientras los vientos y la voz de Garcia-Miro se explayan en sus intervenciones respectivas.

Como nota final cabe añadir que la colaboracion en este disco del genial percusionista “Chocolate” Algendones, no hace mucho fallecido, queda registrada como testamento de su inmenso talento artistico. Esto ciertamente aumenta la sensacion de privilegio que el oyente siente en su corazon cuando se deja atrapar por los climas teluricos destilados en “El Sonido de los Dioses”. En suma, un disco genial, rebosante de misteriosa belleza y una genuina pasion, con raices fuertemente afirmadas en el pasado y con alas enfiladas hacia el vuelo vanguardista de la fusion contemporanea.

Cesar Mendoza

Creada en 1997. ©José Manuel Iñesta. Alojada en el Depto. de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad de Alicante, España.

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